Docente de la Escuela de Kinesiología UV integró el equipo profesional de apoyo del, histórico, doble cruce de Bárbara Hernández en el Canal Santa Catalina, Estados Unidos.
La docente Pía Flores Benner, de la Escuela de Kinesiología y del Laboratorio de Medicina Narrativa, estuvo a cargo de la alimentación, la administración de medicamentos y los cuidados posteriores al nado durante las casi 24 horas que "La Sirena de Hielo" permaneció en el agua entre California y la isla Catalina, el pasado lunes 10 de agosto de 2026.
La nadadora chilena Bárbara Hernández, conocida internacionalmente como "La Sirena de Hielo", completó el doble cruce del Canal Santa Catalina, en California, en 23 horas y 47 minutos. Con esta hazaña, la deportista de 40 años se convirtió en la cuarta persona en la historia —y la segunda mujer y primera latina— en conquistar la Doble Triple Corona de la Natación en Aguas Abiertas, que exige completar los dobles cruces de la isla de Manhattan, el Canal de la Mancha y el Canal Santa Catalina.
Detrás de esa marca hubo un equipo trabajando de forma ininterrumpida sobre la embarcación de apoyo. Entre sus integrantes estuvo Pía Flores Benner, docente de la Escuela de Kinesiología y del Laboratorio de Medicina Narrativa de la Universidad de Valparaíso, responsable del plan de alimentación e hidratación durante el nado, de la administración de los medicamentos indicados, de la coordinación con los kayakistas y el resto de la tripulación y de los cuidados posteriores a la salida del agua.
Un trabajo que se mide en minutos
En la natación de aguas abiertas de larga distancia, las reglas prohíben que la nadadora tenga contacto físico con la embarcación o con cualquier persona del equipo. Todo el soporte —bebidas, alimentos, medicamentos— se entrega desde el barco o el kayak en ventanas de pocos segundos, que se repiten cada media hora aproximadamente a lo largo de toda la travesía, de día y de noche. Sostener ese ritmo durante 65 kilómetros implica anticipar el gasto energético, ajustar las cargas según el estado de la deportista y coordinar cada entrega con la posición de los kayakistas y la maniobra del barco.
El desafío tuvo, además, una exigencia contraintuitiva: el agua estuvo a 23,3 °C, una temperatura alta para una deportista cuya especialidad son las aguas gélidas. A eso se sumaron fuertes vientos, rompientes y la presencia de fauna marina de la zona —incluido un tiburón que, según relató la propia Hernández entre risas, se acercó a "saludarla" en tres oportunidades.
El resultado deportivo dio cuenta de esa regularidad: Hernández cubrió los 32,5 kilómetros de ida en 11 horas, 51 minutos y 04 segundos, y regresó en 11 horas, 51 minutos y 09 segundos. Apenas cinco segundos de diferencia entre ambos recorridos, con el breve descanso en la isla incluido dentro del tiempo total de 23 horas y 47 minutos.
Del terreno a la sala de clases
La participación de la docente conecta directamente con dos espacios de la Universidad de Valparaíso. Por una parte, la Escuela de Kinesiología, donde el trabajo en condiciones extremas permite llevar al aula la fisiología del esfuerzo prolongado, la termorregulación, la nutrición deportiva y la recuperación post-esfuerzo desde la experiencia práctica. Por otra, el Laboratorio de Medicina Narrativa, que investiga el modo en que los relatos de quienes cuidan y de quienes son cuidados configuran la práctica clínica: acompañar un cuerpo durante casi veinticuatro horas continuas es, también, un ejercicio de escucha, lectura de señales y decisión compartida.
Para la Universidad de Valparaíso, la presencia de sus académicas en equipos de alto rendimiento internacional refuerza el vínculo entre formación profesional, investigación y territorio, y proyecta el trabajo kinesiológico chileno en escenarios de exigencia máxima.







